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Hace alrededor de un año, escuché un podcast en el que un piloto de Fórmula 1 (F1) hablaba sobre una "docuserie" de Netflix llamada "Drive to Survive". Esta serie le dio al deporte de F1 un gran seguimiento, especialmente en los Estados Unidos. Obviamente, me intrigó saber que Miami sería la sede de una de las carreras de los 22 Grandes Premios (Grand Prix), el 8 de mayo de 2022. Con rapidez me enteré de la magnitud de este deporte: cada semana, los 10 equipos de carreras tienen que transportar todo su garaje, vehículo y personal a la nueva ciudad.

Cuanto más aprendo sobre este deporte, más veo las similitudes entre los equipos y los hombres que disciernen el sacerdocio. Cada equipo está formado por más de 800 personas: directores de equipo, publicistas, mecánicos, ingenieros, pilotos, y también científicos, ingenieros y mecánicos que se encuentran en sus respectivas fábricas de origen, quienes realizan los cambios necesarios para que el vehículo pueda mantenerse en condiciones de competir semana tras semana. Esto da un nuevo significado al proverbio africano: "Se necesita una aldea para criar a un niño".

Los hombres que fueron ordenados sacerdotes este pasado fin de semana, no se convirtieron en sacerdotes de la noche a la mañana. Vienen de familias, comunidades, amistades, parroquias, escuelas, como todo el mundo, y respondieron al llamado que Dios tenía para sus vidas. Se necesita mucho trabajo, oración, discernimiento para llegar a la catedral el sábado anterior al Día de las Madres y entrar en el sacerdocio de Jesucristo.

Las familias, las amistades y los formadores son parte del equipo que lleva al hombre hasta el día de la ordenación. Pero su trabajo no termina ahí. De la misma manera que los mecánicos, ingenieros y científicos trabajan para mejorar el vehículo cada semana, también estos sacerdotes recién ordenados trabajarán a diario para mejorarse ellos mismos. Con sus familias, sus amistades y sus feligreses aprenderán a ser sacerdotes, afinarán sus homilías semana tras semana, continuarán esforzándose por ser "competitivos en la carrera", una carrera en la que el campeón no recibe una lluvia de champán, como en la F1, sino una corona imperecedera. (2 Tim. 4:6-8)

Nosotros también podemos ser parte del equipo de estos nuevos sacerdotes (y de todos los sacerdotes). Vamos a apoyarlos con palabras amables, a desafiarlos con caridad, a llevarlos cerca de nuestros corazones en la oración. Cada sacerdote viene de una familia, y cada uno de nosotros puede ser parte de la aldea que ayuda a formar a un sacerdote.

Demos gracias a Dios porque continúa llamando a hombres para servir en el altar, y estemos abiertos a la forma en que Dios nos utiliza para ser parte del equipo, para compartir en la alegría de la victoria, la victoria que viene del mismo Jesucristo.

Comments from readers

Lourdes Gómez - 05/11/2022 08:47 AM
Magnifica comparación, apoyemos y oremos por nuestros sacerdotes, ellos son nuestro mayor apoyo para llegar al cielo. Ellos necesitan de verdad un pueblo. 🙏🏻❤️
Valli Leone - 05/09/2022 09:10 AM
Praise the Lord! Yes, I will continue to pray for all priests and for our newly-ordained Fathers Agustin, Cesar and Enzo, knowing that Jesus never fails in the hearts of those who are consecrated and determined to do his will. Holy Spirit, thank you for pouring out every needed grace throughout their entire priesthood – – for the glory of our Lord and the joy and salvation of his people. Keep them humble and hungry for you, oh Lord. ✝️⚓️💜
araceli cardet - 05/09/2022 08:56 AM
Muy cierto su comentario sobre los sacerdotes. Somos parte de sus vidas y mas aun tanto como nosotros los necesitamos a ellos y tenemos que hacer todo lo posible porque esta carrera salga bien.
Deacon Tom Hanlon - 05/09/2022 08:53 AM
Great words Father. Deacons can only go so far and we need our Priest to be the cornerstone of our Parishes.

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