By Rocio Granados - La Voz Catolica
MIAMI | Mons. Pedro García falleció el 25 de enero en St. Anne’s Nursing Center (Centro de cuidados St. Anne’s), a los 90 años. Ejerció su ministerio sacerdotal en Cuba y en Miami por 47 años, 27 de los cuales en la Arquidiócesis de Miami.
Mons. García “era un ángel aquí en la tierra, un ser transparente, lleno de amor y de ternura”, dijo Laura Peña, sacristana de la capilla Cristo Rey del Campo de South Dade, una de las tres capillas que pertenecen a la misión Santa Ana, en Naranja, donde Mons. García sirvió como administrador hasta su retiro en el año 2011.
Peña conoció a Mons. García por 25 años. “Él era lindísima persona, un pastor muy dedicado a su gente. Siempre estaba para nosotros, en todo el momento”, dijo lamentando su partida.
Peña lo visitaba en la casa de cuidado. “Que pena y que tristeza, pero él se fue derecho al cielo porque la verdad él era un ángel. Un ser humano, increíble, y la verdad, hasta el día de hoy, yo no he encontrado una persona tan llena de amor, tan sincera y tan transparente como él”.
Fotógrafo: COURTESY
Mons. Pedro García 1935- 2026.
“Era un hombre muy entregado, una capacidad de servicio impresionante, como lo demostró no solamente en su ministerio los años que sirvió en Cuba, en medio de una situación difícil el seguía adelante con su misión”, dijo el P. Juan Rumín Domínguez, vicario parroquial de la iglesia St. Joseph en Miami Beach.
Mons. García, después de su ordenación en 1964, sirvió en varias parroquias en Cuba hasta 1983 cuando se mudó a Miami.
En Cuba “no era libre para poder ejercer su ministerio; tenía muchas, muchas presiones también le toco la época más dura de los años 60 y 70 cuando el comunismo estaba totalmente en contra de la religión”, dijo el P. Domínguez.
Pero “hizo mucho bien, especialmente con los grupos de jóvenes con los que trabajó. Él organizaba obras de teatro y a través de la música”, dijo el P. Domínguez.
Pero era una persona que tenía música por dentro.
“Sí, él era medio artista. Le gustaba cantar, siempre estaba rodeado de amigos y le gustaba conocer el mundo”, recordó el P. Domínguez.
Mons. García fue “un compositor de música”, dijo el P. Domínguez. Escribió canciones que se cantan en las liturgias en Cuba y en la Arquidiócesis de Miami. Una de ellas es “Santa María del Cobre”.
Mons. García tenía una “capacidad de entrega y de servicio, que lo demostró durante muchos años cuando le tocó trabajar en la misión Santa Ana con los trabajadores agrícolas y la comunidad mexicana. Hizo una labor muy grande de ayuda a muchas, muchas personas”, dijo el P. Domínguez y agregó que siempre estaba contento “porque era una persona siempre alegre, amable, nunca se quejaba si tenía mucho trabajo o lo que fuera, nunca se quejaba”.
Después de su retiro de la Misión Santa Ana, Mons. García residió en La Ermita de la Caridad. “Estuvo activo siempre”, dijo el P. Dominguez. En la Ermita de la Caridad “prestó un gran servicio en el ministerio de las confesiones”, indicó.
Estuvo en la Ermita de la Caridad desde 2011 hasta el 2017. “Hasta que estaba muy mayor y le llegó la enfermedad, porque al final pues perdió la memoria y ya no pudo continuar. Pero él siempre hasta donde pudo, no dejo nunca de ejercer su ministerio”, dijo el P. Domínguez.
En los últimos años, el P. Domínguez visitó constantemente a Mons. García por que la madre del P. Domínguez estaba en el mismo centro de cuidados. “Y cantaba con él las canciones de él. Trataba de que él se acordara y algunas veces sí se acordaba, y cantaba”, dijo el P. Domínguez.
El P. Domínguez se enteró del fallecimiento de Mons. García porque una sobrina de monseñor le avisó. “Un sacerdote le dio la extremaunción. Además de sus familiares, también lo acompañaron algunos feligreses de la Misión de Santa Ana, integrantes del grupo de jóvenes y estaban también ahí rezando con él. Murió acompañado del cariño de las personas a las que él tanto sirvió”, dijo el P. Domínguez.
“Un sacerdote muy humilde”
Alfonso Cruz conoció a Mons. García en 1999. Lo que lo impresionó de él es que “era un sacerdote muy humilde y muy acogedor con sus feligreses”, dijo Cruz, ujier y ministro de la Eucaristía de la Misión Santa Ana.
Llegó a la Misión Santa Ana como voluntario para ayudar a armar las carpas para celebrar la Misa y los puestos de comida durante una celebración Guadalupana en honor a la Virgen de Guadalupe. Mons García “era una persona muy amable. A cualquier hora que llegaras te resolvía tus problemas. Él lo daba el todo por el todo por sus feligreses”, agregó.
“Era muy querido por todos, principalmente por el grupo de jóvenes. Hay muchos jóvenes que lo recuerdan”, dijo Cruz.
Enterarse de la partida de Mons. García, “es un dolor muy grande porque es muy querido en nuestra comunidad”, dijo Cruz.
Después de su retiro, Mons. García regresaba de vez en cuando a celebrar con sus feligreses. “Un grupo lo recogía de su casa y estaba con nosotros”, indicó Cruz.
Una de esas ocasiones fue para celebrar la Misa de 15 años de la hija mayor de Cruz.
Durante el tiempo que Mons. García estuvo en la Misión Santa Ana, siempre los alentó a recaudar fondos para la construcción de su templo. “Hacíamos ventas de comida, car wash, pulguero, todo lo que podíamos para recaudar dinero para nuestra iglesia y el Padre nos daba permiso”.
“El dolor más grande que tengo es que no vio la casa que él quería para nosotros”, dijo Cruz, porque estaba muy enfermo.
Mons. García “era nuestro sacerdote y también era mi compadre”, dijo Emilia Bautista, feligresa de la Misión Santa Ana. Mons. García bautizo a sus tres hijos, fue padrino de bautizo de uno de ellos y padrino de confirmación de su hijo mayor.
“Recuerdo que el Padre Pedro era tan buena persona. A la gente que llegaba allí a pedir ayuda, le decía ‘sí, hijo, sí’, nada más y les daba a manos llenas. El Padre tenía un corazón tan lleno de amor hacia sus feligreses y nosotros lo queríamos mucho”, agregó Bautista.
Bautista llegó a la Misión Santa Ana en 1997, tiempo después inscribió a sus hijos en las clases de catecismo que ella empezó a enseñar. Mons. García la incentivaba a dar las clases, “Me decía que no me diera por vencida, que los niños me necesitaban y así duré muchos años. también Mons. García “me ponía a leer la lectura en mixteco, durante las fiestas Guadalupanas. Se me hacía difícil porque crecí hablando Mixteco, no leyéndolo”, indicó.
“Compartí mucho con el Padre Pedro, son muchas cosas bonitas que vivimos”, agregó Bautista.
A Mons. García le sobreviven dos sobrinos y sobrinos nietos.
Mons. Pedro García nació en Matanzas, Cuba, el 23 de agosto de 1935. Fue ordenado sacerdote para la diócesis de Matanzas el 2 de agosto de 1964. Sirvió en varias parroquias de esa diócesis hasta 1971, cuando se trasladó a la Arquidiócesis de La Habana, y en 1977 a la Arquidiócesis de Santiago de Cuba. En esta arquidiócesis sirvió como párroco en la iglesia Nuestra Señora de los Dolores, como vicario cooperador y como asesor diocesano de Comunicación Social hasta 1983.
Llegó a la Arquidiócesis de Miami en diciembre de 1984. Fue vicario parroquial en la iglesia St. John Bosco, Miami. En diciembre de 1988 fue nombrado vicario parroquial en la iglesia Our Lady of Divine Providence en Miami, donde sirvió hasta septiembre de 1993, cuando fue nombrado administrador de la iglesia San Lázaro en Hialeah.
En 1995 fue nombrado administrador de la Misión Santa Ana en Naranja. Permaneció allí hasta su jubilación en julio de 2011. Fue nombrado Prelado de Honor a Su Santidad, con el título de Monseñor en julio de 2007.
LOS SERVICIOS FÚNEBRES
- El velorio del Mons. García se realizará el lunes 2 de febrero de 2026, a las 9 a.m. en la Misión Santa Ana, 13875 SW 264th Street, Naranja.
- La Misa de funeral será celebrada por el Arzobispo Thomas Wenski el lunes, a las 11 a.m. en Misión Santa Ana seguida del sepelio en el cementerio Our Lady of Mercy, 11411 NW 25th Street, Doral.