
'Y con tu esp�ritu'
Wednesday, August 24, 2011
*Msgr. Richard Antall
Yo era un niño cuando la misa se tradujo al vernáculo, pero recuerdo una broma que me hizo mi tĂo sobre la respuesta en latĂn a “El Señor estĂ© con ustedes”. Él me preguntĂł si yo sabĂa cuál era el nĂşmero telefĂłnico del cielo. No lo sabĂa. “Et cum spiritu two oh”, respondiĂł. En aquel tiempo los nĂşmeros telefĂłnicos tambiĂ©n tenĂan letras.
Recuerdo la broma porque otro cambio será evidente en el nuevo misal. La respuesta “Y tambiĂ©n contigo”, ahora será “Y con tu espĂritu”. A primera vista, no parece ser muy distinto, pero el cambio tiene algunos ángulos interesantes. DespuĂ©s de todo, otros idiomas conservaron la construcciĂłn “y con tu espĂritu”, como es el caso del castellano, por ejemplo.
Hay quienes alegan que al insistir en el uso de “tu espĂritu”, la Iglesia sĂłlo busca recordar la construcciĂłn latina del original. Algunos piensan que esto es sĂłlo una manera más poĂ©tica o hasta arcaica de decir “contigo”. Pero añadir “y con tu espĂritu” no es sĂłlo decir “lo mismo para ti”. Lo que implica es algo que no estarĂa claro si no se hiciera una referencia a las Escrituras. La menciĂłn del espĂritu viene de las epĂstolas de san Pablo.
En Gálatas y en Filipenses, Pablo escribiĂł “Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo permanezca con su espĂritu. AmĂ©n”. En la segunda Carta a Timoteo, el apĂłstol concluye con “El Señor estĂ© con tu espĂritu”. Las Ăşltimas palabras de la Carta a FilemĂłn, son “La gracia del Señor Jesucristo permanezca con tu espĂritu”.
ÂżQuĂ© querĂa decir san Pablo? Algunos expertos han dicho que mencionar el espĂritu de las personas era como una reversiĂłn semĂtica que sĂłlo expresaba una simple bendiciĂłn: que el Señor estuviera con las personas a quienes se enviaba la carta. Sin embargo, el arameo no utiliza tal construcciĂłn, y tampoco era comĂşn en griego. La palabra “pneuma” — espĂritu — no equivale a una persona. No es un pronombre personal. Por lo tanto, se refiere a algo en especĂfico. ÂżQuĂ© puede ser?
Bernard Botte, benedictino francĂ©s estudioso de las Escrituras, examinĂł esta cuestiĂłn en una crĂtica de la traducciĂłn francesa de la misa, que tambiĂ©n omitĂa la parte relacionada a “y con tu espĂritu”. (El artĂculo ha sido publicado en inglĂ©s por el Antiphon Journal). SeñalĂł que una liturgia de la antigua Siria usaba las palabras “Y contigo y con tu espĂritu” como respuesta al saludo de la paz. Por lo tanto, “contigo” y “tu espĂritu” indican dos cosas distintas.
Botte cita al famoso erudito francĂ©s C. Spicq, quien dijo que, para san Pablo, pneuma es la parte espiritual del hombre que está más unida a Dios, el objeto inmediato de acciones y de influencias divinas, y es notablemente un recipiente del EspĂritu de Dios. Por eso, el “tu espĂritu” del sacerdote es aquella dimensiĂłn suya que está abierta al EspĂritu Santo.
Por eso, al responder “y con tu espĂritu”, el pueblo dice algo sobre la relaciĂłn del sacerdote con Dios. Esa es mi conclusiĂłn, aunque debo confesar que nunca lo he visto explicado de manera tan explĂcita. Un liturgista me dijo que no me preocupe por lo que significa la frase, y que estĂ© satisfecho con que san Pablo lo quisiera de esa manera. De hecho, en el pasado yo sĂłlo habĂa pensado que el saludo era una proclamaciĂłn, como decir, “El Señor estĂ© con ustedes. / Como está contigo”. Pero, obviamente, ese no es el caso. Si “el Señor está aquĂ con nosotros” fuera una declaraciĂłn, no habrĂa necesidad de hacer la distinciĂłn sobre el espĂritu. Tampoco serĂa una oraciĂłn.
Entonces, ÂżquĂ© significa para el pueblo decir “Y con tu espĂritu”? Parece que hiciera una distinciĂłn entre el rol del sacerdote y el del pueblo. Existe tal reconocimiento no sĂłlo del oficio, sino del carácter especial del ministro. El sacerdote tiene un espĂritu especial, una dimensiĂłn de su persona que está abierta a Dios, y tal franqueza está presente, de alguna manera, en la liturgia.
San Pablo le dice a Timoteo: “Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposiciĂłn de mis manos. Porque el EspĂritu que Dios nos ha dado no es un espĂritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad” (2 Tim 1:7). Hace años, se publicĂł un libro para ayudar a los sacerdotes en su ministerio litĂşrgico, titulado “Strong, Loving and Wise” (Fuerte, Amoroso y Sabio), basado en este saludo de san Pablo a su discĂpulo.
ÂżPudiera ser que la congregaciĂłn le está diciendo al celebrante: “Recuerda quiĂ©n eres, y el espĂritu que Dios te ha dado”? Recientemente, un teĂłlogo alemán criticĂł las numerosas modificaciones y la “creatividad” irresponsable de algunas liturgias. Su libro se titula “How to Go to Mass and Not Lose Your Faith” (CĂłmo Ir a la Misa y No Perder Su Fe). La oraciĂłn del pueblo, “y con tu espĂritu”, es un recordatorio de que la misa no pertenece al sacerdote, sino a toda la Iglesia. Tiene que ver con el carácter sacerdotal.
Estas son mis propias reflexiones, pero la distinciĂłn recuerda muchas de las antiguas oraciones que el sacerdote dice antes de ofrecer la misa. Hay oraciones, atribuidas a san Ambrosio, que el sacerdote dice cada dĂa de la semana. Todas insisten en la miseria del hombre y la gloria de Dios. El sacerdote reafirma su falta de mĂ©rito cuando ora para ofrecer el sacrificio con pureza de corazĂłn por el bien de todos.
Otras, quizás más conocidas, son dirigidas a la SantĂsima Virgen y a san JosĂ©. Hay una hermosa oraciĂłn a MarĂa, que dice: “Yo, miserable e indigno pecador, recurro a ti con todo mi corazĂłn y afecto, y ruego a tu piedad, que asĂ como asististe a tu dulcĂsimo Hijo pendiente de la cruz, asĂ te dignes asistirme a mĂ, miserable pecador, y a todos los sacerdotes que ofrecen hoy la Misa, aquĂ y en todo el mundo. AyĂşdanos a que sepamos ofrecer un sacrificio perfecto y aceptable a los ojos de la SantĂsima Trinidad. AmĂ©n”.
En la misa antigua, el rol del sacerdote era muy distinto al del pueblo. Por ejemplo, en el Confiteor (“Yo confieso ante Dios Todopoderoso”), no se decĂa “y ante ustedes, hermanos”, sino “ante ti, Padre”. El aspecto familiar era bastante reducido cuando sĂłlo se decĂa “Padre”, por lo que “hermanos” se convirtiĂł en una mejor expresiĂłn. Pero no podemos olvidar el sacramento especial de la ordenaciĂłn sacerdotal. Y no me refiero solamente a los laicos. El sacerdote debe recordar esta vocaciĂłn particular y el poder, el amor y la templanza que debe manifestarse en su “espĂritu”-alidad.
El carácter sacerdotal es parte del misterio de la EucaristĂa. Sin los sacerdotes, no habrĂa EucaristĂa. Parece que el misterio de la vocaciĂłn sacerdotal se evoca por la nueva respuesta, “y con tu espĂritu”. Es un detalle, pero es muy importante.