
La nueva palabra es m�s precisa, pero apenas capta el misterio de la Trinidad
El Credo: 'Consustancial'
Monday, December 5, 2011
*Msgr. Richard Antall
El segundo cambio en el Credo, del cual se ha hablado much�simo, es la traducci�n del lat�n �consubstantialem�, que se tradujo como �de la misma naturaleza�, y ahora es �consustancial�. Parece que esto fue tema de debates, porque se alega que la palabra le parecer� extra�a al pueblo, o que no la entender�.
Lo verdaderamente extra�o de �de la misma naturaleza� es que puede tener muchos significados distintos. Puedo imaginar a una Julieta moderna diciendo que es �de la misma naturaleza� que su Romeo. Una declaraci�n general, aunque sea po�tica, puede tratar de expresar una verdad, pero est� limitada por la complejidad de tal verdad. En este caso, hablamos de la esencia de Dios. Debemos ejercer cautela para no hablar de manera que la vida �ntima de la Trinidad se parezca a los lazos afectivos humanos o la simpat�a.
Uno de mis t�os se cas� con una mujer que era muy unida a sus hermanas. Una de mis t�as admiraba la uni�n de las tres hermanas, y expres�, �Esas tres son m�s unidas que las Tres Personas de la Sant�sima Trinidad�. La hip�rbole ten�a la intenci�n de ser graciosa, no una blasfemia. No hay tres seres humanos que puedan estar tan unidos como Dios.
La �intimidad� de las Tres Personas es el misterio central de nuestra fe. Obviamente, ning�n idioma puede expresar genuinamente la profundidad del misterio que es Dios. La concha en el escudo de armas del Papa Benedicto nos lo recuerda.
El Santo Padre dijo que al dise�ar su escudo de armas, quer�a aludir a la historia de san Agust�n cuando intentaba escribir sobre la Trinidad, y caminaba a orillas del mar. El santo vio a un ni�o que llevaba agua en una concha, quien le dijo que deseaba vaciar el agua del mar en un hueco que hab�a hecho en la arena. El gran doctor de la Iglesia lleg� a la conclusi�n de que estaba intentando hacer algo similar: explicar el misterio infinito del ser de Dios al cerebro limitado del hombre. El Papa Benedicto, que es un te�logo, conoce cu�n inadecuadas son las palabras con relaci�n al misterio m�s profundo del universo.
El Catecismo de la Iglesia Cat�lica dice que �para la formulaci�n del dogma de la Trinidad, la Iglesia debi� crear una terminolog�a propia con ayuda de nociones de origen filos�fico: "substancia", "persona" o "hip�stasis", "relaci�n", etc.� (N�m. 251). Existe un vocabulario t�cnico para prevenir las interpretaciones incorrectas de los misterios divinos. Por eso tenemos la palabra �consustancial�.
El cardenal Joseph Ratzinger, ahora Papa Benedicto, ha expresado que es muy importante que la fe sacramental �mantenga viva la pregunta sobre el ser�, especialmente en nuestros tiempos, los que describi� como �una era filos�ficamente pobre�. Por eso pienso que es correcto insistir que �de la misma naturaleza� se sustituya con el m�s t�cnico �consustancial�.
Nunca entenderemos la Trinidad. Sin embargo, un lenguaje m�s exacto demuestra m�s humildad y respeto en la presencia del Dios que no s�lo es mucho m�s grande que nuestros corazones, sino tambi�n que nuestras mentes.
Graham Greene dijo que inici� su camino a la conversi�n cuando su futura esposa le explic� que los cat�licos no �adoramos� a Mar�a; que hab�a una distinci�n entre adoraci�n y dul�a. Ofrecemos reverencia, dul�a, a los santos, y a Mar�a hiperdul�a, la mayor de las reverencias. Greene, que era agn�stico, qued� tan impresionado por la explicaci�n, que comenz� a estudiar la fe y se convirti� al catolicismo.
De la misma manera, nuestra creencia en la Trinidad puede ser una fuente de evangelizaci�n y edificaci�n para otras personas a nuestro alrededor. La cautela con la que hablamos sobre los misterios de Dios demuestra la importancia que los art�culos de nuestra fe tienen para nosotros. La seriedad en el lenguaje indica respeto por la divinidad. La palabra �m�stico� viene de la palabra griega que ordena silencio ante lo que era una experiencia de la divinidad. No guardamos silencio sobre Dios, pero ejercemos cautela al describirlo.
Nuestra fe en un Dios trino no es algo f�cil de entender. Hay una larga historia de malentendidos sobre la esencia de Dios. En ocasiones, hubo peligro de que una gran cantidad de cristianos perdiera la fe en la Trinidad. En un viaje reciente a Ravena, en Italia, record� c�mo los cristianos de Oriente estuvieron en peligro de creer en la herej�a de que la Segunda Persona de la Trinidad no era igualmente divina. Los g�ticos que conquistaron la parte oriental del imperio romano eran arrianos y cre�an que el Hijo de Dios era menos divino que Dios Padre. En la ciudad todav�a existe un baptisterio arriano, y se construyeron algunas iglesias para esa secta que convirti� a los b�rbaros que conquistaron Roma.
El Credo Niceno a�n contiene rastros de la controversia con los arrianos. Por eso insistimos en �Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero�. El respeto por nuestra tradici�n debe hacer que sea m�s f�cil utilizar una palabra especial como �consustancial� sin quejarnos.
Un sacerdote amigo dijo que se opon�a al cambio en las palabras porque ��c�mo va a entenderlo mi madre?� Quiz�s ella puede entender m�s de lo que �l cree. El cambio en las palabras puede ofrecernos un momento apropiado para la catequesis.
De hecho, la palabra �consustancial� puede abrir para nosotros el segundo gran misterio de la fe: la Encarnaci�n. El a�o pasado, el Papa Benedicto public� una exhortaci�n apost�lica explicar la reflexi�n del S�nodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios. En Verbum Domini (La Palabra del Se�or), el Papa se�al� esta relaci�n de los misterios: �Como muestra de modo claro el Pr�logo de Juan, el Logos indica originariamente el Verbo eterno, es decir, el Hijo �nico de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos y consustancial a �l: la Palabra estaba junto a Dios, la Palabra era Dios. Pero esta misma Palabra, afirma San Juan, se �hizo carne� (Jn. 1,14); por tanto, Jesucristo, nacido de Mar�a Virgen, es realmente el Verbo de Dios que se hizo consustancial a nosotros.� (N�m. 7)
El gran escritor ingl�s G.K. Chesterton escribi� en �Orthodoxy� (Ortodoxia) que, en ocasiones, nuestra civilizaci�n cristiana depend�a de las palabras que usamos para describir a Dios y a su gracia obrando en el mundo. �l utiliza la met�fora del tim�n que gu�a una gran nave. La sensibilidad de la Iglesia ante las palabras no es algo nuevo, pero en nuestros tiempos de ambig�edad, quiz�s sea m�s crucial que antes. Estamos inclinados a mantener la vaguedad. Necesitamos m�s precisi�n en nuestras vidas, y eso puede iniciarse con nuestro lenguaje sobre Dios.
Por lo tanto, nos regocijamos en la nueva traducci�n del Credo. Har� que nuestras bocas trabajen un poco m�s, y quiz�s nuestros cerebros tambi�n.
